viernes, 14 de mayo de 2010

uN Dia De tRabAjO....

Las doce de la noche y en la Agencia se respiraba una pasividad sofocante, solamente el ruido del teclado hacia trizas nuestro silencio, era raro, casi absurdo, después de los gritos de niños, que desesperados, no comprendían porque estaban ante una mujer desconocida y se negaban a declarar, de hombres que caminaban como leones en sus jaulas buscando una solución a un error del pasado, de caras tristes, de mujeres angustiadas por una relación de pareja que las dejo en ciclos de violencia, aunque de pronto contra todo Tratado Internacional y la buena ética, llega una que otra dramática con el fin de hacer sufrir, al que alguna vez llamaron amor, todo porque les dejo un corazón roto, la mayoría de las tragedias decaen en una infidelidad, insultos y autodestrucción, pero eso había pasado sobre la tarde, donde el arduo movimiento perpetro los muros y nos acostumbro a él, sin embargo, ahora la oscuridad había envuelto de tranquilidad de los escritorios y parecía un turno tranquilo, era lo justo pensé, depuse de tantas vigilias con detenidos, un pequeño descanso no estaría mal. 


- Tenemos que ir al Hospital, hubo un reporte de una niña, nada complicado, solo tiene una equimosis en la cabeza. - Dijo la Jefa sin esperar negativa, que obviamente yo no podía dar, otra vez el engaño, el descanso se esfumo y había mucho en que trabajar.

Sólo había visitado una vez al hospital durante mi estancia , algo sencillo para mi, una mujer golpeada por su pareja que no quiso iniciar el trámite correspondiente por temor a afectar a sus hijos, nos retiramos pronto, tal vez sería igual, aunque eso no quitaba mi renuencia a los nosocomios, viví todas mis vacaciones de verano y de diciembre en uno, como para desear regalarles más tiempo de mi vida, pero antes con una mamá trabajando arduamente en ellos y con hijos pequeños que no podían quedarse solos, no había alternativa, que más hacer y ahora que me pongo a divagar, lo recuerdo, ella quería que fuera doctora, pero ese hastió también me llevo a otro rumbo, al menos pensé lejos de un hospital, como siempre, fuí una ingenua en todo lo que concierne a mi realidad. 

Hora de irnos y la mecánica de siempre, subir al auto, conducir diez minutos, hablar con la trabajadora social y regresar pronto, el panorama no parecía haber cambiado al de la última vez, es la una de la mañana y en el pasillo de urgencias tanto mujeres, niños y hombres de todas las edades se encuentran tirados en el suelo, tratando de dormir y esperando su turno, pero a la autoridad hay que atenderla pronto, caminan las enfermeras con celeridad, que no es mucha porque sólo hay dos, atendidas y sorpresa, no es un moretón en la cabeza, la pequeña de un año y meses tiene una fractura en la región parietal, con un estado de salud muy grave, su padres son de escasos recursos, provienen de una comunidad alejada, de un municipio que ustedes tal vez nunca hayan escuchado mencionar y del que yo pensé “es donde el viento da vuelta”, alejados de toda posibilidad de crecimiento, pero los padres no estaban, fueron a descansar a un albergue, cansados después de tres días de estar como aquellos que encontramos en las entradas, durmiendo en el suelo o debajo de las bancas para no ser pisados por un pobre incauto.Esos progenitores comentaron a los doctores que la niña se cayó de su andadera, a una altura de un metro, pero ante este mundo de inseguridades, se refiere que no concuerda su versión con la lesión de la menor, posiblemente expuesta a la violencia y omisión de cuidado de sus padres, me doy cuenta que es inevitable y es momento de dar fe del estado en que se encuentra pequeña.

Continuamos con el procedimiento de rutina, batas, cubrebocas, desinfectar manos, etcétera y ahí estábamos en terapia intensiva, una cama que seguramente será incomoda, acostada boca arriba, veo a una cosita de nada, flaquita, con piel que cubría huesitos, convulsionando, con varios tubos que la mantenían viva, que la forzaban a respirar, a continuar adelante y una gasa enorme que no me permitió ver sus ojos, se que tal vez no sentía nada porque estaba completamente sedada, continúe siendo un robot, anotando todas las características posibles, circunstancias de modo, perfectamente especificado, para que sirve ese tubo, para que el otro, no obstante tres palabras me sacaron de mi abstracción “Va a Morir” dijo el doctor, se encogió mi corazón, lo cual fue contrario a todo dogma autoimpuesto,  mi trabajo no me lo permite y tengo que ser imparcial, lo más fría posible y es que para variar, mi naturaleza siempre ha sido esa cuando se trata de mi profesión, inmiscuir los sentimientos sería un error que no me puede permitir mi carácter perfeccionista, no entiendo como no se altera ante lesiones, sangre, violaciones u homicidios, pero ante esta pequeña me sentí indefensa, mis problemas se convirtieron en algo pequeño, mi amor no correspondido y por el que aun sufría fue de pronto algo sin importancia, mi familia se transformó en lo más poderoso y mis amigos en mi refugio, tanto tiempo le había suplicado a dios algo para no sufrir más por él, para calmar mi alma, pedí un ángel y mi ángel se estaba muriendo.

El doctor continuo narrando las complicaciones, yo la veía como extraña pero a la vez era mía, quería que viviera, que luchara y aunque yo sabía que éste mundo no es como lo pintan, que hay un infierno desatado cada día en él, en cualquier parte, comprobado en los diversos medios, aunque de lo único que sirve ver las noticias es para enfadarse, sabía que tal vez, sus padres no le brindarían los recursos suficientes, que no sería una niña como todas las demás, pues tendría un daño neuronal y una discapacidad motriz, pero siempre egoísta, quería que siguiera sufriendo, porque ese dolor en algún punto terminaría y saldría adelante, no quería ver a unos padres desolados, no quería que algo tan pequeño se convirtiera en etéreo cuando podría estar lleno de vida, el dolor algún día terminaría con cualquiera de los dos fines, morir o vivir, pero sea cual quiera de los dos, ella me impulso a luchar a mí.

Nos despedimos, pasar por el café de rutina e iniciar la averiguación correspondiente, si moría existiría la correspondiente responsabilidad de sus padres, porque al salir de la habitación volví a ser la misma objetiva y fría, pero algo había cambiado, algo había entendido, algo que no se borró tan fácil, algo que por insignificante que fuera me iba a dar fuerzas para no llorar cada noche, aunque posiblemente la indagatoria que inicie me revele algo que no quiero descubrir y tal vez en el momento que escribo estas líneas ella ya no sea del todo corpórea, solo entre las presentes lineas… 

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efímera nostalgia, apabullante alegría, sollozos crepusculares y positivismo al anochecer... que rara es la naturaleza humana...